La “Benemérita” en la explosión de Cádiz de 1947

La Guardia Civil realizó 523 servicios humanitarios tras la tragedia que devastó la capital gaditana la noche del 18 de agosto de aquel año.

Han transcurrido ya más de cinco décadas desde que la capital gaditana padeció su mayor catástrofe del siglo XX. Durante la calurosa noche del 18 de agosto de 1947 se produjo una terrible explosión en uno de los depósitos de minas rusas procedentes de la guerra civil que estaban almacenadas en la “Base de Defensas Submarinas” que la Armada tenía en la ciudad.

El saldo no pudo ser más trágico, cerca de 200 personas fallecidas y casi 5.000 heridas de diversa consideración, así como la destrucción de centenares de viviendas e innumerables edificios dañados.

Como consecuencia de aquel dantesco suceso, las fuerzas de la 237ª Comandancia de la Guardia Civil de Cádiz jugaron un papel humanitario fundamental en el auxilio, rescate y protección de las víctimas y supervivientes, que fue ampliamente reconocido por la prensa de la época.

La Comandancia de Cádiz en 1947.

La mandaba por aquel entonces el teniente coronel Roger Oliete Navarro, siendo su segundo jefe el comandante José Arias Garín.

Eran tiempos en que las fuerzas del Instituto vivían volcadas por todo el territorio nacional en la lucha rural contra el maquis y de hecho, en el caso gaditano, su primer jefe llevaba concentrado por tal motivo en la localidad de Medina Sidonia —donde había instalado su puesto de mando con carácter permanente— desde el día 4 de enero de 1946, por orden expresa de su Director General, el teniente general Camilo Alonso Vega.

La jefatura de la Comandancia estaba ubicada entonces en el antiguo acuartelamiento de la calle capitalina de Zaragoza y pertenecía al 37º Tercio con cabecera en Málaga. Su coronel, Andrés García García, había estado precisamente de revista ordinaria en Cádiz tan sólo cinco días antes de la tragedia, tal y como atestigua el correspondiente libro de providencias que hoy día todavía se sigue utilizando.

La Comandancia contaba en aquella época con diez compañías con cabeceras en las poblaciones de Cádiz, San Fernando, Chiclana de la Frontera, El Puerto de Santa María, Sanlúcar de Barrameda, Jerez de la Frontera, Villamartín, Olvera, Ubrique y Puerto de Cádiz.

Respecto a su actividad policial, el resumen de los servicios prestados durante el mes de agosto —publicado en el boletín oficial de septiembre— arrojaba el siguiente resultado: 66 detenidos por diferentes delitos; 6 requisitoriados capturados; 23 detenidos por pastoreo abusivo; 16 detenidos por daños a los montes y los frutos; 109 denuncias por infracciones a las legislaciones de caza, tasas, carreteras y carruajes entre otras; 4 escopetas y un cuchillo intervenidos; 33 conducciones de presos; 4 denuncias por daños en los montes y roturaciones; 131 denuncias por ganado pastando sin autorización y 20 actas levantadas por infracciones de contrabando, capturándose a 27 reos con un total de 279 kilogramos de tabaco, 60 de plantas de tabaco, 3 de azúcar y 84 de café aprehendidos.

Curiosamente, y a pesar de que el año 1947 fue de los más activos a nivel nacional en la lucha contra el maquis, el mes de agosto fue muy tranquilo en la provincia de Cádiz.

En cambio no podía decirse lo mismo de los seis meses anteriores ya que se habían producido diversos asesinatos, atracos, robos, secuestros y extorsiones en las poblaciones gaditanas de Alcalá de los Gazules, Alcalá del Valle, Algodonales, La Barca de la Florida, Benaocaz, Bornos, Grazalema, Jerez de la Frontera, Medina Sidonia, Olvera, San José del Valle, Tarifa, y Ubrique.

Ello había motivado diversos enfrentamientos armados con las fuerzas de la Guardia Civil con el resultado de siete maquis muertos y cerca de medio centenar de detenidos entre cómplices y enlaces.

En el mes de agosto tan sólo se había detectado un intento de extorsión contra un vecino de Jerez de la Frontera al que se le exigía el pago de 5.000 pesetas de las de entonces, siendo detenida la persona que fue a recoger el dinero y que resultó tratarse de un menor.

La Explosión del 18 de agosto de 1947.

Aquella trágica noche —perfectamente relatada y documentada por el periodista gaditano José Antonio Hidalgo Viaña, en su libro “Cádiz 1947. La Explosión”, editado en 1997— la Guardia Civil al igual que el resto de las fuerzas civiles y militares de la ciudad y de la provincia, se lanzaron en auxilio y protección de las víctimas.

Mucho se ha polemizado desde entonces sobre las causas reales del siniestro, no habiéndose podido determinar con rotundidad si se debió a un accidente o a un sabotaje terrorista de opositores al régimen franquista.

Algunos documentos oficiales y particulares inéditos de aquella época, encontrados y publicados hace un par de años por el autor de este artículo, en el Archivo privado de un antiguo ministro del Ejército, el capitán general José Enrique Varela Iglesias, apuntan nuevamente hacia esta última teoría.

Aquella calurosa noche de agosto parecía que iba a ser tranquila como había venido sucediendo con las del resto del mes cuando de repente el cielo estrellado se volvió rojo por una explosión que sacudió violentamente a la ciudad entera y cuya onda expansiva afecto incluso al resto de las poblaciones de la bahía.

El teniente coronel Oliete se encontraba en Cádiz, realizando los preparativos de su boda prevista para varios días después con Isabel Sánchez de Alva Merencio y cuya licencia le había sido concedida por el ministro del Ejército justo dos meses antes. Al estremecerse la ciudad por la devastadora onda expansiva que arrolló todo a su paso, organizó rápidamente a sus hombres para iniciar las primeras labores de auxilio y rescate.

Los guardias civiles, fieles cumplidores del artículo 6º de su Cartilla que rezaba: “Procurará ser siempre un pronóstico feliz para el afligido”, se lanzaron aquella noche con su tradicional espíritu benemérito, a rescatar al mayor número posible de gaditanos fallecidos o heridos entre las ruinas de las viviendas destruidas por la terrible fuerza de la onda expansiva. Milagrosamente no hubo ninguna víctima mortal en la Guardia Civil a pesar de que sus cuarteles se vieron afectados.

En unos casos contribuyeron, junto a fuerzas del Ejército y la Armada, al rescate directo de víctimas bajo los escombros y a su evacuación mientras que en otros, establecieron cordones de seguridad alrededor de las barriadas más afectadas al objeto de evitar los actos de pillaje. También se establecieron patrullas por las playas en donde se refugió gran parte de la población ante el temor de una segunda explosión y a la entrada de la ciudad para controlar y facilitar el continuo movimiento de vehículos con heridos, refuerzos y material de ayuda.

Numerosos guardias civiles de los puestos del resto de la Comandancia fueron concentrados en la capital para colaborar en las tareas de rescate y seguridad así como en la vigilancia de las carreteras de acceso. Asimismo el teniente coronel Oliete autorizó que tuvieran preferencia los que tuviesen familiares entre los damnificados al objeto de poder estar en la medida de lo posible, más cerca de ellos.

La ciudad quedó a oscuras y muchos de sus edificios quedaron destruidos o afectados, no librándose de ello las diferentes casas-cuarteles y demás dependencias oficiales del Instituto, no sólo de la capital sino también incluso de poblaciones cercanas.

En un minucioso informe suscrito el 10 de septiembre de 1947 por el teniente coronel Oliete y dirigido a la Jefatura de Acuartelamiento y Obras de la Dirección General del Cuerpo, se relacionan los daños sufridos en catorce de ellos que eran propiedad del Instituto. Los ocasionados en el resto de las dependencias de la Guardia Civil, propiedad de ayuntamientos o de particulares, fueron consignados en relación aparte.

En el primer informe citado se detallaban concretamente los desperfectos registrados en los pertenecientes a la 1ª Compañía de Cádiz (Puesto de El Chato y Caseta del Blanco), a la 2ª Compañía de San Fernando (Puesto de Chupones), a la 4ª Compañía de El Puerto de Santa María (casa-cuartel sita en el paseo de la Victoria, Puestos de Fuerte Ciudad, La Bermeja, La Puntilla, La Almadraba y La Gallina), a la 5ª Compañía de Sanlúcar de Barrameda (Puesto de Bonanza) así como el acuartelamiento de la Plana Mayor de la 10ª Compañía del Puerto de Cádiz y el cuartelillo del Astillero que quedó completamente destruido.

El reconocimiento de la prensa a la Benemérita.

La terrible tragedia de Cádiz fue inmediatamente objeto de prioritaria atención en los medios de comunicación nacionales e internacionales. Los periódicos de aquellos días recogieron en sus crónicas la participación de la Guardia Civil junto al resto de las fuerzas vivas.

Así se podían leer en el “Diario de Cádiz”, “El Correo Andaluz”, “Pueblo”, “Arriba”, “ABC”, “Informaciones”, “Diario de Menorca” y un largo etcétera, gracias a los corresponsales de las agencias de noticias Mencheta y Cifra, frases como las siguientes:

“Un verdadero hormiguero de fuerzas del Ejército, de la Marina, Guardia Civil, Policía Armada, Cruz Roja y paisanos trabajan denodadamente en el salvamento de los siniestrados”; “Cooperaron en los trabajos de extinción y salvamento de las víctimas, fuerzas del Ejército y la Guardia Civil”; “Rápidamente actuaron las autoridades. El Ejército y la Guardia Civil se pusieron en movimiento”, etc.

Respecto al acordonamiento que se hizo de la zona es sumamente significativa la crónica publicada en el diario “ABC” del 21 de agosto de 1947: “Hemos querido de nuevo visitar el foco de la catástrofe. Toda la zona que empieza en Bahía Blanca y llega a la Plaza de Toros está tomada por la Guardia Civil y la Marina. Está el acceso rigurosamente prohibido”.

Pero tal vez el más ilustrativo de todos los relatos que mejor demuestran el esfuerzo y sacrificio de aquellos guardias civiles lo hace el periodista Martín Abizanda en su crónica publicada también el 21 de agosto pero en el número extraordinario de la revista “Semana”:

“He charlado con un Guardia Civil que permanece en pie semiapoyado en su fusil. Noto como el cansancio y el sueño luchan contra él. Pero insisto, es verdad que en el hombre Dios infiltra, cuando su divino designio lo considera necesario, una secreta fuerza que le permite sostenerse”.

La actuación benemérita de la Guardia Civil.

La Guardia Civil gaditana realizó en aquella noche del 18 de agosto y a lo largo del día siguiente un total de 523 servicios humanitarios, significándose que para contabilizarse como tal, debían tratarse de auxilios reales prestados a víctimas de incendios, inundaciones y otros conceptos de salvamento.

La normativa de la época del Instituto era muy estricta al respecto y exigía, al objeto de evitar cualquier intento de inflación numérica, que cada hecho estuviera contrastado con datos detallados del lugar, día, hora e identidades de las víctimas y de la fuerza actuante.

Prueba de la seriedad y rigurosidad de estos datos estadísticos, publicados en los boletines oficiales, es que durante los otros once meses del año 1947 tan sólo constan prestados por la 237ª Comandancia de Cádiz, un total de cinco servicios humanitarios (uno en cada uno de los meses de febrero, marzo y abril y dos en el de noviembre). En el resto de las Comandancias, aquel mes de agosto sólo se practicaron un total de 61 servicios humanitarios.

Dadas las excepcionales circunstancias de aquel mes y el elevado número de auxilios que se prestaron con motivo de la trágica explosión, no fue posible incluirlos en el resumen nacional relativo al mes de agosto firmado por el Director General de la Guardia Civil el 4 de septiembre de 1947, teniendo que ser incluidos en el resumen que firmó el día 14 del mes siguiente.

Hoy, más de medio siglo después, aquellos 523 servicios humanitarios nos recuerdan que la Guardia Civil haciendo honor al sobrenombre de “Benemérita” que le puso el pueblo llano, supo ser una vez más “un pronóstico feliz para el afligido”.

Publicado en: Blog de Jesús N. Núñez Calvo, septiembre de 2003.

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