La Catástrofe de Cádiz y el chalé del general Varela

La explosión acaecida en la noche del 18 de agosto de 1947 en la Base de Defensas Submarinas de Cádiz, devastó por completo el barrio de San Severiano, aniquilando más de un centenar de vidas humanas y arrasando centenares de viviendas.

Entre estas últimas estaba el chalet del general Varela, el bilaureado militar isleño que en aquella fatídica fecha se encontraba en Tetuán, al frente de la alta comisaría de España en Marruecos.

Se trataba de una “casa de recreo”, cuya construcción había comenzado siendo costeada por una suscripción popular en agradecimiento por haber encabezado en Cádiz la sublevación militar del 18 de julio de 1936. En palabras del escritor José María Pemán, en homenaje “al General paisano que salvó nuestra ciudad, nuestras casas y nuestras vidas, en las primeras horas del Movimiento Nacional”.

Con dicha frase, el dramaturgo y amigo personal de Varela, había encabezado una proclama de adhesión a la suscripción, publicada el 15 de febrero de 1938 en la prensa local, invitando a sumarse a todos los gaditanos.

Pero pronto dicha suscripción rebasó los límites provinciales y tuvo carácter nacional, participándose en la misma desde otras provincias, entre las que destacaron Toledo, Segovia y Teruel, por haber sido escenario de sus acciones militares durante la guerra civil.

De hecho, en el archivo privado de Varela que hoy se custodia en el histórico municipal de Cádiz, se conservan, junto a toda la documentación relativa al chalet, los listados nominales de los suscriptores con expresión individualizada de las cantidades aportadas.

Inmediatamente se organizó la comisión pro-homenaje al bilaureado general y captación de fondos para regalarle una residencia veraniega en Cádiz. Presidida por Juan de Dios Molina Arroquia, alcalde de la ciudad, estuvo compuesta por el concejal Juan Luis Martínez del Cerro, en calidad de vicepresidente, así como por José Paredes Monge, José Antonio Pérez Díez Velasco, Enrique Mac-Pherson Bonmati, Pedro Ogalla y Federico Víctor, en condición de vocales, siendo Francisco Moreno Ruiz su secretario.

El autor del proyecto fue el arquitecto Casto Fernández Shaw y la dirección de la obra le fue asignada inicialmente al arquitecto municipal Rafael Hidalgo Alcalá del Olmo. Ambos, tal y como quedó recogido en el diario de operaciones del general Varela, se desplazaron el 24 de octubre de 1938 hasta el frente de Teruel, para presentarle los planos del chalet.

Finalizada la guerra civil comenzaron las obras que fueron adjudicadas a la empresa Construcciones Colominas G. Serrano S.A., levantándose el edificio sobre una huerta que previamente había adquirido Varela al ayuntamiento por un importe de 27.965 pesetas.

La parcela, procedente de subasta, había sido adquirida anteriormente por el ayuntamiento a la Fundación Escuelas de Soto de Cameros. Escriturada el 10 de junio de 1939 ante el notario Estanislao de Iglesia Huerta, actuó como parte vendedora el propio alcalde Molina, y como compradora, en representación de Varela, su amigo Enrique Mac-Pherson Bonmati.

Como dicho solar no era lo suficientemente grande para el proyecto, Varela tuvo que adquirir y escriturar el 19 de enero de 1943, ante el notario José Martínez Martín, otras dos parcelas colindantes propiedad de Fidel González de Peredo González Piélago.

Finalizada la construcción del chalet, bajo la dirección técnica gratuita del arquitecto Manuel Fernández Pujol, y costeada “con el importe de los donativos en metálico de la suscripción pública abierta”, procedió a escriturarse como obra nueva el 1 de agosto de 1945 ante el citado notario José Martínez.

La superficie total de la finca era de 6.565,67 metros cuadrados La entrada principal era por la avenida del general López Pinto, hoy avenida de Andalucía, flanqueada por la calle Alcázar de Toledo, antes Tolosa Latour y hoy Juan Ramón Jiménez, y por otra finca que era propiedad del mentado Fidel González de Peredo.

Su parte posterior daba a otra parcela, lindante con la calle Brunete, antiguo callejón de los siete muertos, que terminaría siendo adquirida y escriturada el 22 de octubre de 1949, ante el notario Lorenzo Valverde Plaza, por la esposa de Varela, Casilda Ampuero Gandarias, al ya reiterado Fidel.

Dado que fueron muchos cientos de inmuebles destruidos o seriamente afectados en su estructura, el ministerio de Hacienda dictó el 25 de septiembre de 1947, una orden “para la concesión de préstamos a los propietarios de fincas damnificadas por el reciente siniestro ocurrido en la ciudad de Cádiz”.

Los afectados debían solicitarlo ante el Instituto de Crédito para la Reconstrucción Nacional, declarando bajo juramento los daños sufridos, y caso de que estos fueran superiores a 25.000 pesetas de la época, debía presentarse una tasación pericial redactada por un arquitecto.

Varela, desde el 23 de agosto de 1942, tenía suscrita una póliza contra incendio con la compañía aseguradora “La Urbana”, quien desplazó a sus técnicos hasta el lugar del siniestro para realizar el correspondiente informe pericial, junto al perito designado por el bilaureado militar.

Por parte de Varela actuó el arquitecto Fernández Pujol y por parte de la compañía de seguros, su director técnico Enrique de Uribarri Chacón. Los daños causados por la explosión fueron valorados en 954.905 pesetas, habiéndosele calculado al chalet un valor, en el momento previo al siniestro, de 1.123.200 pesetas. Dado que el valor total de lo asegurado ascendía sólo a 800.000 pesetas, “La Urbana”, sólo indemnizó, en la parte correspondiente a la porción asegurada, con 532.943,73 pesetas.

Dicha cantidad se utilizó prácticamente en demoler la edificación, cuya estructura había quedado gravemente afectada y parcialmente derruida, así como en desescombrar. Varela solicitó al ICRN y le fue concedido un préstamo a 20 años por un importe de 700.000 pesetas.

Dado que dicha cantidad era claramente insuficiente para reconstruir el chalet, cuyo coste se había elevado al aumentar los precios de los nuevos materiales a emplear, tuvo que ser su esposa, la que con cargo a su peculio, abonara la importante diferencia existente.

Cuando tres años y medio más tarde, el 24 de marzo de 1951, falleció de leucemia en Tánger el general Varela, todavía quedaba pendiente una deuda del préstamo concedido, por importe de 676.440,12 pesetas, teniendo que hacerse cargo de ella su viuda con sus propios recursos

Gracias a que Casilda Ampuero era titular de una importante fortuna familiar, pudo hacerle frente, ya que la pensión de viudedad, porcentaje incluido de las dos cruces laureadas, era tan sólo de unas 32.000 pesetas anuales.

Lo que en principio había sido un regalo para el general Varela, que no llegó apenas a disfrutarlo, terminó convirtiéndose, como consecuencia de la catástrofe acaecida el 18 de agosto de 1947, en una pesada carga económica para su familia, que no obstante la asumió, “dado el gran cariño que mi esposo sentía por dicha ciudad de Cádiz, y en justa correspondencia al generoso y magnífico esfuerzo de sus habitantes”, tal y como dejó escrito su viuda.

Publicado en: Diario de Cádiz, 18 de agosto de 2013.

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