“Sólo se puede apuntar a la Marina de entonces”

José Antonio Aparicio, en el libro ‘La Noche Trágica de Cádiz’, presenta una nueva teoría que explicaría el motivo de la explosión de Cádiz de 1947, basada en el compuesto de las cargas almacenadas en la base.

La explosión de los polvorines de la Base de Defensas Submarinas el 18 de agosto de 1947 es la mayor catástrofe ocurrida en Cádiz y ahora tiene una hipótesis sólida, basada en documentos oficiales y en valoraciones sobre conocimientos químicos. El libro La Noche Trágica de Cádiz de José Antonio Aparicio Florido ofrece la Teoría de la Nitrocelulosa elaborada por el experto en pólvora Miguel Ángel López Moreno que achaca la causa de la explosión a una reacción química que provocaría la transformación gradual de este compuesto y su detonación espontánea.

La nueva teoría

El hallazgo de documentos oficiales e inéditos por parte de Aparicio permite conocer el compuesto de las cargas explosivas de las 50 minas subacuáticas del modelo WBD que estallaron en Cádiz a las diez menos cuarto de la noche del 18 de agosto de 1947. Pero el escaso dominio de la química le hace pedir la colaboración a Miguel Ángel López Moreno que cuando observa el material que contenían las cargas de profundidad que estallaron en Cádiz empezó a desarrollar el informe que explica la Teoría de la Nitrocelulosa, la del algodón pólvora

López Moreno afirma que la “desgracia fue que las cargas WBD no contenían el explosivo que era previsible. Es decir, no contenían ni TNT, ni hexanita, ni hexanita más aluminio, que habrían sido explosivos perfectamente estables y seguros”. Como experto se sorprende de que cada una “de las WBD contenían 125 kilogramos de nitrocelulosa en forma de algodón pólvora, un alto explosivo obsoleto, peligroso e inseguro. Tal es así que dejó de usarse durante la Primera Guerra Mundial”. Después de llegar las minas a Cádiz, en agosto de 1947 explica que ocurrió “lo que suele ocurrir con el algodón pólvora, que se descompuso espontáneamente en una reacción inevitable que comienza inmediatamente después de su fabricación”.

Aunque son conceptos técnicos, es importante la explicación para comprender el porqué de la autodetonación. Miguel Ángel López detalla que la reacción “fue exotérmica -que calienta el entorno de la reacción y la acelera- y autocatalítica -que se retroalimenta con sus propios productos de reacción-“. Dentro del almacén se estaba llevando a cabo un proceso que tendría unas consecuencias desastrosas y ni los mandos militares al cargo ni los gaditanos eran conscientes de su gravedad. De esta manera, en el algodón pólvora se produce una reacción química que no se detiene, que se autoacelera, y si ocurre en el seno de una masa crítica suficientemente grande acaba por detonar violentamente.

Y es que el artífice del informe que da pie a la teoría se muestra contundente en la defensa de la misma y la esgrime argumentando que fue “inevitable, si no hubiera explotado el día 18 de agosto habría explotado más tarde. Los hechos son categóricos”. Afirma que “esas 50 cargas de profundidad tenían un explosivo rarísimo, obsoleto; que hacía mucho tiempo que se encontraban fuera de servicio”. Lo más lamentable de todo esto es que en un informe sobre el polvorín de Cádiz con fecha de 9 de julio de 1943, realizado por el teniente coronel de armas navales Manuel Bescós, se vaticinaba, cuatro años antes, la posible catástrofe y recomendaba su traslado.

la misión de la armada y los archivos ocultos

La situación socio-económica actual de España poco tiene que ver con la de 1947. Y la valoración del ejército por parte de la ciudadanía se ha restablecido después de los desgarros del pasado oscuro. Cosa que no evita asumir responsabilidades, simple y maduramente, sin necesidad de cumplir una condena en plaza pública. José Antonio Aparicio es claro al hablar de la responsabilidad de la explosión: “La responsabilidad de la Marina ya no se puede ocultar, sólo se puede apuntar a ellos, ni siquiera al gobierno de Franco. Intentaron callarlo internamente, ni Franco era consciente de la verdad”.

Aparicio es consciente de que la Armada de hoy no es la de 1947, “ha evolucionado muchísimo no tienen porqué sentirse responsable de lo que hicieron en otros tiempos”. La intención de este libro es el del reconocimiento a las víctimas y a sus familiares: “Algunas familias perdieron cosas para siempre, una vida no se puede reponer como un edificio” y piensa que sería “digno que la Marina como institución se implicara y que se pronunciara de alguna forma”.

Uno de los nuevos documentos encontrados es la orden que el Estado Mayor de la Armada emite el 21 de agosto de 1947 -tres días después de la explosión- y dirige a todos los Departamentos Marítimos y a los buques de la Armada. En este hallazgo se detalla el mandato expreso de descargar inmediatamente todas las cargas de profundidad que no contengan TNT y cuya carga explosiva se desconozca. Aparicio insiste en que la Marina sabía que las “cargas explotaron y como no había ninguna causa aparente que haya provocado la explosión, lo hicieron por si solas”. También admite la posibilidad de que se desconociera “que fuera algodón pólvora, pero si sabían que era un explosivo más sensible”.

Otro de los apartados pendientes respecto al tema de la catástrofe y bajo custodia son las cajas de documentos clasificados pertenecientes al Ministerio de Marina que se encuentran en el Archivo General de la Administración (AGA) en Alcalá de Henares con información relativa al trágico suceso. Aunque para José Antonio Aparicio “poco puede cambiar ya en lo relacionado con las causas de la explosión, sí pueden completar algunas lagunas pendientes”.

Además, Aparicio confía en “la ley que se encuentra en el Congreso en proceso de elaboración, que permitiría desclasificar automáticamente todos los documentos oficiales con una antigüedad mayor a 30 años”. De esta forma, cualquier ciudadano interesado podría acceder libremente a cualquier archivo que superara el periodo. Entre ellos los relativos a la explosión y a su investigación posterior que ya arrastran 62 años en la penumbra.

Las teorías anteriores

Este caso es todo un drama que perdura en el tiempo con la consecuencia de 155 muertes oficiales y más de 800 damnificados. A estos 62 años les han acompañado algunas otras teorías. En una cosa si difiere de las anteriores la nueva teoría difundida de la nitrocelulosa en forma de algodón pólvora y es la base documental oficial -hasta ahora inédita- y el informe químico de López Moreno que sabe lo que habla en lo referente a la Nitrocelulosa.

Los nazis

La difundió el 21 de agosto de 1947 el semanario comunista Mundo Obrero. En el reportaje se puede leer como se señala al gobierno de Franco por permitir que “bajo la dirección de técnicos nazis, se ejecutaban experimentos para producir nuevos explosivos con vistas a la guerra”. Al mismo tiempo pone en evidencia que se “trataba de experimentos con explosivos de gran potencia y dirigidos por técnicos que el régimen está interesado en ocultar”. Esto se achaca al interés por denigrar a la dictadura entre las que se encontraban las organizaciones sindicales clandestinas.

La conspiración

Es un clásico que todo proceso judicial que se precie debe tener. Parte desde los integrantes de la propia Armada e insinúa la posible intencionalidad de la explosión. Quizá, conscientes de la irresponsabilidad cometida y de las consecuencias que les podrían acarrear se plantea la causa del atentado comunista. Ésto también, en consonancia con las obsesiones del propio Franco en relación con el contubernio opositor a su singular concepción de España.

el calor

Otras de las posibilidades esgrimida es la del accidente por efecto del calor. Esta comprobado que la temperatura máxima alcanzada el 18 de agosto de 1947, según la Agencia Española de Meteorología, fue de 28 grados aproximadamente. A las diez de la noche y reinando el viento de poniente, según los presentes, probablemente refrescara. Además, sin una fuerza detonadora adecuada, no es tan fácil alcanzar la temperatura necesaria para hacer estallar una bomba con la simple exposición al sol.

el chalaneo

También existen otras conjeturas. La de la manipulación indebida de los torpedos existentes en el almacén para retirar los metales del aparato de relojería y venderlo posteriormente, pues eran piezas que valían mucho dinero. Uno de los que habló sobre este tema fue el coronel José Pettenghi. En su razonamiento expone que “de noche sacaban cosas de los torpedos para venderlas”. Pettenghi comentaba que las guardias “se cambiaban para que hubiera gente implicada en el tráfico ilegal de piezas” y ,además, que el oficial de guardia -el torpedista mayor Leonardo Garófano- “era el que se traía el tejemaneje de vender las piezas”. Posteriormente, añadiendo mayor oscurantismo a la desgracia, Garófano se suicida al mes de la explosión.

Pero el autor de La Noche Trágica de Cádiz, José Antonio Aparicio, menciona que en la circunstancia que presenta el coronel “es posible que se produjera contrabando, pero esto no hubiera provocado la detonación tan fácilmente”. En definitiva, posibilidades que carecen de una base argumental sólida que ratifique su verosimilitud. Igualmente, como también afirma Pettenghi, “hubo un afán de la Marina por llevarse el expediente para tapar lo que haya que tapar”. Y sentencia que si “lo hubiera seguido investigando un juez civil se podría haber llegado a algo”.

Publicado en: Diario de Cádiz, 18 de agosto de 2009.

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